Nos gusta volar solos. Es más, hacemos lo posible para conseguirlo.
Desde que nacemos nos enseñan a ser independientes; te sueltan la mano para que andes solo y, desde ese precioso momento, todo cambia.
Si, empiezas a formar tu camino. Un pasito mas y ya lo tiene. Ya tenemos las alas.
Pero, ¿Qué ocurre cuando hay que tomar decisiones? Nos comprometen, nos meten en un aprieto y empieza a faltar el aire.
Si o no... Todo o nada... Blanco o negro... Tú o yo... Y nos ahogamos.
Es como caer a un rio. Puedes mover los brazos y los pies y salir a flote o puedes dejarte hundir. La segunda opción es la menos recomendable.
Si lo que has decidido es nadar, vivir, de ahora en adelante va a ser algo más difícil. Vas a tener que caminar con las consecuencias de tu decisión.
Esa decisión, mas acertada o menos, pero ahí está y hay que apechugar con ello.
Ahora bien, ¿Qué pasa si lo que quieres es nadar, salir de ese rio, decidir, pero resulta que no sabes? De pequeño te enseñaron a andar pero ¿y a nadar?.
¿Quién nos enseña a tomar decisiones? ¿Las circuntancias? Cada momento, cada milisegundo de nuestra vida, nos enseña a decidir.
Y es como cualquier fuente de conocimiento: puedes adoptarlo o no. Puedes aprender a ser valiente o puedes quedarte como estás.
Y ahora es cuando necesitas algo que, hasta el mas orgulloso, hasta la persona más independiente, va a necesitar alguna vez en su vida... una mano.
EL rescate. Esa mano que te va a sacar del agua y va a impedir que te ahogues. Que te va a dar consejos y que te va a volver a marcar el camino correcto.
Es verdad que no todos necesitan una mano para andar. Pero la gente que si que la nececitamos, es muy gratificante encontrarla.
Tenemos miedo. ¿Quién no tiene miedo? Puede que sea a las alturas, miedo a las arañas, miedo a que nos rompan el corazón, miedo a una negativa... miedo.
Y no siempre somos capaces de reconocerlo, pero ahí está y se manifiesta de un momento a otro.
El miedo a tomar decisiones. Si o no... Todo o nada... Blanco o negro... Tú o yo... Y nos ahogamos. Y ahora si que es importante salir del agua.
Desechar el miedo, cojer impulso y salir a la superficie. ¡Qué difícil!
Y en ese momento de desesperación, levantas la cabeza y entre las burbujar ves aquello que pensabas que nunca llegaria: una manita.
Se unde en el agua que te ahoga para sacarte lo antes posible pero te niegas. ¿Tú? ¿Ayuda? ¡Bah! Pero si si, te hace falta, y mucha.
Entonces te das cuenta que, todo aquello que te calentaba la cabeza, que te oprimia el pecho... que te ahogaba, podrias haberlo solucionado solamente con pedir ayuda...con hablar.
Pues si. Ahora ya lo se. Y lo se, no porqué me lo han contado, sino porqué me lo han hecho saber.
A veces hay que dejar el orgullo y el silencio a un lado y hablar, expresarse y aceptar los consejos de los demás.
Yo lo he hecho, si. Y esa mano, con nombre y apellidos, me ha enseñado que no todo es de color de rosa. Que no siempre se gana.... que existe un NO, y hay que saber usarlo.
Y ahora lo veo como un poder. Esa palabra que tanto me asustaba, ahora es como un poder, un don que tenemos para poder mejorar (o empeorar) las cosas.
Y bueno, lo he usado. Y claro, como no, los resultados no han sido los esperados... Esta vez tampoco he salido ganando...
Pero no importa, ahora ya se dos cosas: una, que "No", no es tan oscuro, y dos, que se que si levanto la vista, hay una mano que me quiere ayudar a salir del rio...
(A.Moreno, 9-2-12, Gracias)
Desde que nacemos nos enseñan a ser independientes; te sueltan la mano para que andes solo y, desde ese precioso momento, todo cambia.
Si, empiezas a formar tu camino. Un pasito mas y ya lo tiene. Ya tenemos las alas.
Pero, ¿Qué ocurre cuando hay que tomar decisiones? Nos comprometen, nos meten en un aprieto y empieza a faltar el aire.
Si o no... Todo o nada... Blanco o negro... Tú o yo... Y nos ahogamos.
Es como caer a un rio. Puedes mover los brazos y los pies y salir a flote o puedes dejarte hundir. La segunda opción es la menos recomendable.
Si lo que has decidido es nadar, vivir, de ahora en adelante va a ser algo más difícil. Vas a tener que caminar con las consecuencias de tu decisión.
Esa decisión, mas acertada o menos, pero ahí está y hay que apechugar con ello.
Ahora bien, ¿Qué pasa si lo que quieres es nadar, salir de ese rio, decidir, pero resulta que no sabes? De pequeño te enseñaron a andar pero ¿y a nadar?.
¿Quién nos enseña a tomar decisiones? ¿Las circuntancias? Cada momento, cada milisegundo de nuestra vida, nos enseña a decidir.
Y es como cualquier fuente de conocimiento: puedes adoptarlo o no. Puedes aprender a ser valiente o puedes quedarte como estás.
Y ahora es cuando necesitas algo que, hasta el mas orgulloso, hasta la persona más independiente, va a necesitar alguna vez en su vida... una mano.
EL rescate. Esa mano que te va a sacar del agua y va a impedir que te ahogues. Que te va a dar consejos y que te va a volver a marcar el camino correcto.
Es verdad que no todos necesitan una mano para andar. Pero la gente que si que la nececitamos, es muy gratificante encontrarla.
Tenemos miedo. ¿Quién no tiene miedo? Puede que sea a las alturas, miedo a las arañas, miedo a que nos rompan el corazón, miedo a una negativa... miedo.
Y no siempre somos capaces de reconocerlo, pero ahí está y se manifiesta de un momento a otro.
El miedo a tomar decisiones. Si o no... Todo o nada... Blanco o negro... Tú o yo... Y nos ahogamos. Y ahora si que es importante salir del agua.
Desechar el miedo, cojer impulso y salir a la superficie. ¡Qué difícil!
Y en ese momento de desesperación, levantas la cabeza y entre las burbujar ves aquello que pensabas que nunca llegaria: una manita.
Se unde en el agua que te ahoga para sacarte lo antes posible pero te niegas. ¿Tú? ¿Ayuda? ¡Bah! Pero si si, te hace falta, y mucha.
Entonces te das cuenta que, todo aquello que te calentaba la cabeza, que te oprimia el pecho... que te ahogaba, podrias haberlo solucionado solamente con pedir ayuda...con hablar.
Pues si. Ahora ya lo se. Y lo se, no porqué me lo han contado, sino porqué me lo han hecho saber.
A veces hay que dejar el orgullo y el silencio a un lado y hablar, expresarse y aceptar los consejos de los demás.
Yo lo he hecho, si. Y esa mano, con nombre y apellidos, me ha enseñado que no todo es de color de rosa. Que no siempre se gana.... que existe un NO, y hay que saber usarlo.
Y ahora lo veo como un poder. Esa palabra que tanto me asustaba, ahora es como un poder, un don que tenemos para poder mejorar (o empeorar) las cosas.
Y bueno, lo he usado. Y claro, como no, los resultados no han sido los esperados... Esta vez tampoco he salido ganando...
Pero no importa, ahora ya se dos cosas: una, que "No", no es tan oscuro, y dos, que se que si levanto la vista, hay una mano que me quiere ayudar a salir del rio...
(A.Moreno, 9-2-12, Gracias)
No hay comentarios:
Publicar un comentario